SALMOS 51:7

Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.

Cuando Dios nos purifica experimentamos la limpieza interior y exterior, que solo él señor nos puede dar. Nosotros cada uno, debemos de ser purificados por el señor y de esa manera podemos andar en limpieza de mano y de corazón.

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La expresión; «purifícame con hisopo«, el hisopo que menciona el salmista aquí no es el que particularmente conocemos para limpiar nuestros oídos, sino que es una planta llamada así, que se desprendía un aroma agradable, y el salmista la usa en su oración para decirle a Dios que lo purifique. Así que, procura ser purificado.

Cada vez, que el señor nos purifica seremos limpio, limpio en todo el sentido de la palabra, Dios nos limpia por dentro y por fuera, no nos deja sucio, cuando decidimos que Dios nos purifique, ninguna área de nuestra vida se queda sucia.

El salmista dice; «Lávame«, Dios nos lava a través de su palabra, para que estemos limpia de mano y de corazón también. Cuando él nos lava somos más blanco que la misma nieve, nada se compara con la limpieza que Dios nos hace. Esa limpia se hace con la sangre de Cristo.

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